Aislamiento Social

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Por Oscar Lamberto
Lo vimos en alguna película de ciencia ficción, las pandemias de virus que ponían en jaque a la humanidad. En general la realidad suele coincidir o superar la ficción. Hoy no es una película, la humanidad está siendo atacada en serio.
Por mis años estoy en aislamiento social, en mi casa, con mi esposa, dos perras, televisión, computadoras, celular, proveedores, cinta para caminar. Es decir un aislado con algún privilegio.
Buscando entre los recuerdos de mi niñez, encontré otra  una situación de miedo social. Fue la época de la polio, antes que Jonás Salk descubriera la vacuna. Veo aún  el miedo de nuestras madres que peleaban con niños que en su inconsciencia solo querían jugar. Había que quedarse en casa, con un ilusorio protector que consistía en una pastilla de alcanfor colgada al cuello.
Setenta años después, quedarse en casa, es la única alternativa inmediata para protegerse del ataque del virus. Alguna vez leí, que la guerra por la supremacía del planeta estaba centrada entre dos especies: los hombres y los virus.
Desde que se inventaron las guerras uno ataca y otro se defiende. Símbolo del ataque, la lanza; símbolo de la defensa, el escudo. Hoy la lanza es un virus invisible y tremendo,  que acorrala ciudades y poderes, que derrumba las economías. El mejor escudo, hasta que el hombre desarrolle otras armas para la batalla, es aislarse y quedarse  en casa.
Las pandemias son causa de profundos cambios sociales. Cabe recordar que la peste negra que arrasó con la mitad de la población de Europa, terminó con el feudalismo.
La vida y la muerte tienen  fuertes  vínculos  con la ley de  probabilidad  matemática. Se necesitan doscientos millones de espermatozoides para que uno solo fecunde un ovulo. Las proyecciones estadísticas calculan  las posibles  muertes que provocará la pandemia, y de acuerdo a la ley de probabilidades rondarán cuarenta millones. Uno puede ser cualquiera de nosotros.
Por de pronto, en pocos días todos los paradigmas y certezas que tenia la humanidad se derrumbaron. Los mercados financieros caen sin piso. Las pérdidas económicas son cuantiosas; las empresas claman auxilio de los gobiernos. De nuevo se reclama que  las empresas de servicios públicos, bancos y el comercio exterior, pasen a manos de los Estados.
La pandemia puso en evidencia la endeblez de los sistemas de salud, incluso de los países más ricos. Claramente la humanidad no estaba preparada para un ataque de esta naturaleza. Todas las advertencias fueron desoídas, las urgencias diarias siempre impiden  prevenirse de catástrofes futuras.
Hoy estamos en guerra, una guerra distinta, con un enemigo que viaja con nosotros. En las guerras convencionales se dinamitaban los puentes para evitar el avance enemigo, pero hoy el camino y el puente somos nosotros.
En las guerras hay hospitales de campaña. Hoy los cuerpos de sanidad no están en la retaguardia sino en el frente más duro de la batalla, con poco conocimiento del enemigo, con pocas armas y mucho coraje.
Dicen que para sostener la revolución francesa se creó el concepto de la “patria en armas”, todo el pueblo movilizado con un solo objetivo: ganar la guerra. Con las lógicas adaptaciones, el concepto también vale en estos momentos. En esta guerra no puede haber neutrales ni indiferentes. Cada contagiado es un arma del enemigo. El heroísmo hoy pasa por cuidarnos, evitar la transmisión, no solo  por nosotros, sino por el otro, que puede ser familiar, amigo, vecino o cualquier desconocido.
El orden , la disciplina, el mando vertical,  imprescindibles para tomar decisiones,  tensionan con los hábitos de una sociedad democrática, pero en el medio de la batalla no hay márgenes para el debate. Hay un jefe supremo, un estado mayor y técnicos especialistas. Y soldados, que somos nosotros .
En toda guerra hay toque de queda, es la forma de cuidar a los propios y aislar a los enemigos. También  hay costos económicos enormes, que después de la batalla se verá como se pagan. Pero en esta, una  vez  desatada, a la humanidad solo le sirve ganar, porque el costo más terrible son las vidas de millones de humanos de todas partes del planeta.
En nuestro país todo indica que estamos en el comienzo del ataque. Las medidas adoptadas por el gobierno son todas necesarias, el tiempo dirá si además son suficientes.
A diferencia del 2001, un alto porcentaje de la población está bancarizada, ya sea por la obligación de vender con tarjeta, o para cobrar un sueldo, un haber jubilatorio o un plan, pero aun subsisten oficios, que son muchos,  que viven del ingreso del trabajo diario casi siempre en negro, este sector que está fuera del radar de la economía formal, también lo está para la ayuda estatal.
La presencia de todas la fuerzas armadas y de seguridad que garanticen el control de calles y rutas y mantengan el acceso a las fuentes de abastecimiento es una decisión acertada y oportuna.
El concepto de Nación, menoscabado en el auge del mundo globalizado, resurge como paso inevitable ante la gravedad de la hora, los ideologismos y fundamentalísimos demuestran su inutilidad. Me parece ver la imagen  del viejo Perón, haciendo un guiño mientras decía: “ vieron que yo tenía razón» .
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