Boudou, bajo el síndrome de Spiro Agnew. Por Mariano Gerván

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GervanMariano Gerván
Director del Programa de Estudios Legislativos
de la Universidad Católica de La Plata

El llamado a indagatoria de Amado Boudou, en el marco del caso Ciccone, reviste gravedad institucional al involucrar la investidura del vicepresidente de la Nación. Es difícil encontrar precedentes, pero la historia norteamericana presenta uno con curioso paralelismo. Spiro Agnew, siendo vicepresidente de EE.UU., también fue acusado de negocios incompatibles y evasión fiscal en el ejercicio de la función pública, y de favorecer a empresarios amigos. A Boudou el juez lo cita por presuntos delitos cometidos en su condición de ministro de Economía, y de vicepresidente de la Nación. Como Boudou, Agnew tuvo una carrera política meteórica. En seis años escaló del nivel municipal a vicepresidente de la Nación. De nombre un tanto exótico, cambió de partido para prosperar. Inspiró cierta onda fashion. En su mejor momento, fue conocido por sus críticas mordaces a políticos y periodistas, atacándolos con entusiasmo e inusuales epítetos.

Se veía a sí mismo como la primera espada que defendía al gobierno.

Fue el elegido para pronunciar discursos inflamados contra opositores y medios de comunicación, y amparándose en el voto popular, los descalificaba como antipatriotas y “elite no electa”. Gozaba de la recién ganada fama y las primeras planas. Le gustaba disfrutar del privilegiado acceso a ricos y famosos. Se hizo amigo de Frank Sinatra, Bob Hope y Billy Graham. Viajaba por todo el país; se convirtió en el principal recaudador del partido.

Por meses, frente al avance de la causa en su contra, se aferró al poder. De poco le sirvió manipular la Justicia; día tras día su carrera política se evaporaba. Agnew renunció el 10 de octubre de 1973, sin admitir la acusación de recibir sobornos cuando era gobernador de Maryland.

Más tarde fue sentenciado solo por evasión a pagar una multa de US$ 10.000, y tres años de probation. Pero la historia no acabó allí. Un grupo de alumnos del prestigioso jurista John Banzhaf III de la George Washington University, conocidos como los Bandidos de Banzhaf por acompañarlo en su activismo judicial, consigue que cuatro estudiantes de Maryland impulsen una denuncia para obligarlo a devolver US$ 268.482, que se sospechaba había recibido en sobornos. Tras dos apelaciones fallidas, Agnew, en 1983 restituyó esa suma al Tesoro del Estado.

Por la gravedad de los cargos, al ser abogado, fue separado de la colegiación, acusado de un comportamiento “moralmente inadecuado”.

Fue el primer vicepresidente de los EE.UU. que renunció y obligó a apelar por primera vez a la enmienda 25 de la Constitución norteamericana para elegir nuevo vicepresidente a Gerald Ford, quien más tarde llegaría a ser el 38° presidente de ese país.

Pudo haber sido presidente: meses antes de renunciar, Gallup lo posicionaba como el mejor candidato para suceder a Nixon, más popular aún que el entonces gobernador Ronald Reagan. En enero de 2012 un ascendente Boudou era imaginado como posible sucesor de CFK, desplazando en esa carrera al gobernador Scioli. Agnew nunca reconoció los cargos en su contra; siempre sostuvo la teoría del complot.

Pero transcurridos varios años escribió una novela reveladora, The Canfield Decision , “la historia de un vicepresidente destruido por su desmedida ambición”.

NOTA PUBLICADA EN EL DIARIO CLARIN Y REPRODUCIDA CON AUTORIZACION DEL AUTOR

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