Finíshela con Cristina

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Por Horacio Umbídez

Desde estas páginas ya observamos que el kirchnerismo es una especie en vías de extinción, con mucho menos relevancia política que presencia en los medios.

Contrasta claramente la poca relevancia que el kirchnerismo tiene en la política (ya casi todos los intendentes y gobernadores se han alejado) y  en las instituciones (ya no puede sancionar ni frenar leyes en el Congreso, perdió la mayoría en el Consejo de la Magistratura y Gils Carbó tiene fecha de vencimiento), con el espacio que le otorga la prensa.

Nuestra suposición es que los medios (y varias encuestadoras que actúan en tándem) están dando al Gobierno una ayuda muy grande al mantener al kirchnerismo con vida.

Cuando Margarita Stolbizer se desgarra la garganta gritando a los cuatro vientos la “operación” del Gobierno sobre la Justicia para impedir que avancen las causas contra la ex Presidenta, también supone que existe una voluntad de dar al kirchnerismo, una importancia que ya no tiene.

Desde que Néstor Kirchner  fue por todo con la transversalidad e inventó a Macri como enemigo para darle una entidad que no tenía y asi sacar de la cancha al Peronismo crítico, kirchnerismo y macrismo han sido socios funcionales. La idea era crear una fuerza nacional de centro izquierda y para crearla necesitaba una de centro derecha, imitando el esquema electoral chileno Bachelet-Piñeira.

A nadie se le escapa que durante los años de gestión porteña, todas las leyes y resoluciones que consiguió el macrismo sobre juego, negocios inmobiliarios y otras yerbas, siempre fueron producto de conveniencias e intereses mezclados con el FPV. Solo basta mirar las votaciones. Son de fácil acceso al público.

Marcos Peña, actual jugador de gran peso, recrea las mismas jugadas que supo hacer en la Ciudad Autónoma, inflando el  poder de Cristina y para ello, basta ver los diarios de estos últimos días y sus declaraciones.

Nada ha cambiado, siguen en la misma entente electoral y solo Dios sabe en cuáles otras. El tema sigue siendo borrar jugadores de la cancha. Como cuando dos clubes de futbol “arreglan” un partido, y ellos creen que estará bien. Pero los demás actores no quieren ni deben quedarse callados.

Por eso bienvenidos los gritos de Margarita o los silencios del Papa….y sus no sonrisas.

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